viernes, 27 de enero de 2012

El Maestro y el alumno


 

Durante el Sochu-geiko (entrenamiento con calor, bien por falta de ventilación o estacional, como en verano...) , al terminar la última clase de Judo, ese día de verano, mientras el maestro realizaba unos estiramientos en el Tatami, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:


- "Sensei, lo que más me alegra de haber terminado el entrenamiento de verano es que no tendré que soportar más sus duros entrenamientos y podré descansar de verle esa cara severa y  aburrida".


El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

- "¿Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?"

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

- "¡Por supuesto que no!", contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

- "Bueno", prosiguió el profesor. "Cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar."

- "No entiendo a qué se refiere", dijo el alumno confundido.

- "Muy sencillo", replicó el profesor. "Tú me estás ofreciendo frustración, rabia y desprecio, y, si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo. Y yo, amigo mío, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad."

- "Muchacho", concluyó el profesor en tono gentil, "tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí sí depende lo que yo cargo en el mío."


"Insultos o halagos, que te dejen tan imperturbable como la brisa de aire al abeto". 

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